Neonazismo: En busca de una raza superior

Neonazismo

El neonazismo es el nazismo que se lleva ahora… dicho así parece una moda, pero es que realmente lo es.

Así, cobra nueva fuerza, o no, según el momento.

Pero lo que está claro es que el neonazismo existe actualmente.

Está en Alemania, está en España y está en todos lados, aunque de forma minoritaria.

Son los nazis de hoy en día, pero éstos tienen un pasado, como es bien sabido, no muy luminoso.

El nacionalsocialismo o nazismo es un movimiento que fue fundado por Adolf Hitler a principios de los años 20.

Originariamente apareció como una doctrina política germana que veía al comunismo como el principal enemigo contra Alemania.

Para Hitler Rusia era una mezcla de razas, dominadas todas ellas por la fuerza del poder judío-marxista.

Éstas eran un instrumento válido en cuanto al dominio de otros territorios.

Hitler, viendo la URSS como una auténtica amenaza decidió luchar.

El nazismo también nació como consecuencia de la crítica situación en la que se encontraba Alemania, tras la firma del armisticio al terminar la Primera Guerra Mundial.

Ello es conocido como el Tratado de Versalles, a través del cual se impusieron a Alemania duras condiciones.

Debido a esto, dicho país se veía obligado a otorgar gran cantidad de sus ingresos nacionales con el fin de pagar daños e indemnizaciones varias.

Sobretodo, los beneficiados eran Francia e Inglaterra.

Así, no había forma que Alemania se recuperara económicamente tras las catástrofes de la guerra.

El gobierno de centro-izquierda que se había establecido en Alemania al acabar la guerra, momento conocido como la República de Weimar, fue incapaz de superar la mala fama que conllevó aceptar las condiciones draconianas expuestas en el Tratado de Versalles, lo que supuso convertirse en objetivo de los grupos ultraderechistas que deseaban un estado semejante al Imperio Prusiano.

Esto es, el anhelo del antiguo triunfo imperial.

La clave para comprender el surgimiento del nazismo es que Alemania se hallaba en un momento en que necesitaba recuperar el orgullo perdido.

Hitler simplemente fue la pieza de engranaje adecuada para trazar un plan de escape.

Su genialidad se basó en su talento natural para convertir el pánico que sentía el pueblo alemán en pura fuerza.

Y es que los alemanes vieron en el nazismo una posible solución a la caótica situación que vivían.

A mediados de los años 20 el nazismo era un poder político emergente.

Eso sí, algo minoritario.

No obstante, cada vez contaba con más adeptos que se convencían de la salida triunfal que podía ofrecer dicha fuerza y su líder.

Lo veían como una esperanza para salir de esa postración en la que había sucumbido la nación.

En la década de los 30 el nazismo era ya una fuerza consolidada, en todo momento expectante, para hacerse con el poder.

El gran momento del nacionalsocialismo llegó en 1933 tras la renuncia del canciller Hindenburg y la subida al poder de Hitler.

Luego, lo que les dio nuevo empuje a los nazis fue el incendio intencionado por parte de éstos del Reichstag o edificio del Parlamento.

De ello acusaron a los comunistas… un arma electoral infalible que tuvo resultados inmediatos.

Efectivamente, la estrategia dio lugar a lo que tanto anhelaban los nazis que se hicieron pronto con el poder en Alemania.

El nazismo no tardó en imponer su dictadura, dando especial importancia a una milicia popular y al ataque continuo de la democracia, el comunismo y el judaísmo.

Los rasgos más destacados de esta nueva fuerza, ahora bien establecida, eran varios.

Así, el totalitarismo era algo fundamental para los nazis, que acabaron rápidamente con todas las libertades y derechos individuales.

En la misma línea, las empresas y los sindicatos obreros pasaron a estar en manos del estado.

Además, todos los movimientos de los ciudadanos eran permanentemente observados por la policía, mientras que cualquier resistencia era oprimida.

Los nazistas militarizaron Alemania y al principio ello fue aprobado por la inmensa mayoría de ciudadanos.

Y es que los hombres de mayor edad habían luchado en la Primera Guerra Mundial.

Los jóvenes eran los más manipulables y especialmente a éstos se les infundió un intenso espíritu de odio y de venganza, sobretodo hacia los que les habían humillado tras fracasar en la guerra.

El nazismo se asemeja al fascismo por varios puntos que tienen en común.

Así, ambas ideologías están en contra del liberalismo, el pacifismo, el comunismo, la democracia, la razón, los intelectuales… por este último motivo los nazis quemaban libros.

Y es que Hitler y los suyos, lo último que querían es que la gente pensara por sí misma, ya que entonces dejarían lógicamente de creer en esos irracionales disparates que se atrevían a defender a capa y espada.

Tenían a la población completamente manipulada, es decir que como se dice popularmente, lavaban el cerebro de la gente a través de la propaganda… pero este es otro tema.

El Imperialismo era uno de los postulados nacionalsocialistas.

Por ello, se dejó de lado todo aquello que había estado pactado en el Tratado de Versalles.

Así, los nazis mandaron armar al pueblo, impusieron el servicio militar obligatorio, anexaron a Alemania la cuenca del Ruhr (la cual se había cedido a Francia antes) y países como Austria y Checoslovaquia.

Al seguir Alemania en esta línea de anexiones y concretamente al invadir Polonia, estalló la Segunda Guerra Mundial, el uno de septiembre de 1939.

Pero básicamente el nazismo puso casi todo su énfasis en el racismo, en acabar con los judíos.

No se apoyó en cambio en la idea religiosa como algunos piensan todavía.

Los nazis creían que la raza aria, representada por el típico hombre blanco con cabellos y ojos claros, era superior y por ello había que limpiar el mundo de otras inferiores.

Sin embargo, el gran iluminado y promotor de esta idea por la que había que exterminar a medio planeta si hacía falta, el grandísimo Adolf Hitler, tenía una apariencia física de lo más opuesto a esta raza aria que defendía.

De pelo oscuro y ojos negros, el gran dictador se asemejaba más a un latinoamericano que a un ario, sin duda alguna.

Una gran contradicción, pues, al más puro estilo del Führer.

Un hombre al que la ambición le cegó, acabando finalmente con su vida… y la de tantos millones de inocentes.