La Paleta de Narmer, el triunfo de un sucesor

Multitud de incógnitas vagan por las dunas del desierto egipcio, a través del Nilo rumbo a la ciudad de los Muertos.

Es este desconocimiento el que alimenta las leyendas sobre los enigmáticos orígenes de uno de los imperios por excelencia: el del Antiguo Egipto o de aquellos quienes hicieron realidad el mundo de los dioses en una tierra tan privilegiada como es la región de Egipto.

¿Por qué es importante La Paleta de Narmer?

Son los estudiosos los máximos devotos en la empresa por el esclarecimiento de la enorme especulación que existe al respecto creando focos de atención y examen como es, por ejemplo, aquella incógnita permanente referida a la existencia y la individualidad de algunos reyes predinásticos.

Es en los primeros años de dicho periodo cuando sonaban nombres como el rey Escorpión o el rey Narmer, cuando empieza a poblarse el bajo y el alto Egipto formándose una sociedad relativamente igualitaria dedicada a actividades agrícolas y, lo más destacado, cuando se produce la unión del Alto y Bajo Egipto.

Durante el reinado de ambos personajes mencionados se ha podido documentar la sucesión de dichos acontecimientos pero quizás haya sido el hecho de que a ambos se les atribuya la unificación del bajo y Alto Egipto, una de las principales causas de de la duda sembrada acerca de si estos primeros reyes fueron verdaderamente reales o, aunque es posible más no probable, que hubiesen sido la misma persona.

Como hemos podido observar la controversia es bastante enrevesada, la creciente necesidad de encontrar otras fuentes de las que extraer el testimonio que certifique dicha existencia y atribuya tal personalidad a dichos hombres ha empujado a muchos estudiosos a recopilar significativas evidencias como las extraídas de la labor de uno de los cronistas por excelencia contemporáneo a dichos acontecimientos, el ya conocido historiador Herodoto.

De entre su amplia descripción acerca de la aparición de la ciudad de Menfis (también denominada como Muro Blanco y futura capital del reino unificado) en sus obras habla de la unión del Alto y Bajo Egipto y de la primera dinastía que reinó en el mismo.

En el mismo documento el nombre de Narmer se alza como uno de los principales artífices de dicha unificación y de la decisión de implantar el culto del dios Api como religión oficial una vez realizada la unión de los reinos.

Lo cierto es que relatos históricos como el que acabamos de recoger junto al hecho de que se hayan conservado un cuantiosa cantidad de restos arqueológicos del rey Narmer conllevan a que, con respecto a este personaje, se dude cada vez menos de su existencia.

Aparte de su tumba en Abydos y algunos objetos como una escultura de su cabeza, tablillas y cerámicas o una maza ceremonial parecida a la del rey Escorpión, conservamos la famosa paleta votiva en la que se le representa como unificador del país.

¿Cuándo y donde se descubrió La Paleta?

La paleta de Narmer fue hallada en 1898 por Quibell en el Templo de Horus en Hieracómpolis (Nejen en el Antiguo Egipto), y actualmente se encuentra en el Museo Egipcio de El Cairo.

A partir de la misma se ha lanzado una teoría que es reafirmante y por la cual hoy no se duda de su existencia, ésta argumenta que éste fue el último rey de la Dinastía 0 y quien terminó la unificación de Egipto.

¿Qué representa la paleta de Narmer?

Es importante conocer el contenido de la pieza arqueológica en nuestra exposición debido a la suculenta información que nos ofrece y a que a partir de la misma nos es más fácil argumentar algún que otro titubeo de interés.

En la superficie de la paleta podemos observar una interesante cantidad de información a partir de jeroglíficos que narran las victorias y la simbología de su reinado.

Si nos fijamos en el anverso de la paleta votiva, podemos observar como en la parte superior aparece el nombre de Narmer dentro de un serej (o estandarte con la fachada de palacio) entre dos cabezas de toro, un símbolo puro del poder real del personaje.

En el registro inmediatamente inferior podemos observar a Narmer con la barba ceremonial y la cola de toro golpeando a un enemigo arrodillado con una maza mientras lo sujeta por el cabello; es en esta escena cuando podemos fijarnos que el rey porta en su cabeza la corona blanca típica del Alto Egipto.

Sobre la cabeza del prisionero está escrito un nombre en jeroglífico el cual muchos se han atrevido a traducir como su nombre o el de su pueblo.

La simbología

La simbología está por todos lados, en primer lugar si nos fijamos en el halcón que pisotea unas plantas de papiro (símbolo del Bajo Egipto) que está representado frente a la cara de Narmer comprobaremos que dicha imagen es una pura alegoría de la ciudad de Nejen (Hieracómpolis).

Interesante información para estudios posteriores proceden de la atenta observación del estudioso como es la representación, detrás del rey, de un personaje más pequeño que lleva las sandalias de Narmer lo que se ha reconocido como un cargo típico de la monarquía egipcia que recibe el nombre de portador de sandalias.

Seguidamente la escena del rey descalzo es una alegoría de la intención de Narmer de dedicársela a los dioses ese sacrificio que está haciendo.

Por último, en la parte inferior se representan dos enemigos caídos en la tierra, lo que confirma el triunfo de Narmer sobre el Bajo Egipto.

n el reverso de la paleta de Narmer continua con la misma estructura y vuelve a repetir la misma escena del nombre del rey en el serej entre las cabezas de toro.

El nombre de Narmer se traduce como Siluro furioso.

Bajo el serej nos encontramos una escena en la que Narmer, esta vez con la corona roja del Bajo Egipto, es seguido por el portador de sandalias y precedido por una procesión de portaestandartes que se dirigen hacia un grupo de prisioneros decapitados.

Más abajo podemos observar como dos personas atan los cuellos de dos animales hecho que muchos arqueólogos han interpretado como la unión entre el Alto y el Bajo Egipto.

Ya en la escena inferior se ve a un toro pisoteando a un enemigo del Delta que está en el suelo; la figura del toro es uno de los símbolos de los reyes, y más adelante se usará el epíteto de Toro Victorioso para designar al Faraón.

Sabemos que es a partir del IV Milenio a.C cuando se documenta una estructura más compleja que llega a culminar con el creciente conflicto político entre estados y que, precisamente, constituye el punto de partida de la unificación territorial que podemos reconstruir en sus rasgos principales gracias a los documentos legados por los protagonistas y por el recuerdo transmitido en generaciones posteriores.

No es nuestra intención la de posicionarnos hacia ninguna vertiente de interpretación pero si recuperamos la teoría de que fue Narmer el que finalmente consiguió la unificación de las Dos Tierras, basándose en la paleta como principal prueba arqueológica al mostrar a un rey luciendo las dos coronas de Egipto; nos encontramos con la eterna duda de si todos los faraones, a partir de esta unión, llevarían la doble corona como símbolo de la unión de las dos coronas mencionadas cual es la causa que en este contexto la paleta de Narmer, por el periodo en que está fechada, no represente al rey con la doble corona en lugar de hacerlo alternativamente con una corona u otra, como ocurre en los fragmentos del Cairo de la Piedra de Palermo con algunos otros reyes.

Tampoco es que dudemos de la existencia ni de la labor que dicho monarca realizó para con su pueblo y en pos de su imperio sino que el hecho nos da pie a cierta duda y a la búsqueda de otras interpretaciones de las que podamos extraer alguna solución más alentadora como es la que circula impugnando que, en realidad, la unificación territorial se produjo después de que se realizaran diversos ensayos de un único monarca sobre dos reinos diferentes, hasta que un rey (podría ser Aha, el supuesto descendiente de Narmer) consiguió ceñir la doble corona como representación de un reino definitivamente unido hacia el año 3100.

En resumen, el descubrimiento y la interpretación de la paleta de Narmer han conllevado, así lo hemos podido comprobar, multitud de interpretaciones acerca de la reconstrucción histórica de este periodo concreto enunciando teorías de tanta trascendencia como es la de que asegura que con Narmer comienza oficialmente la historia de Egipto.

Lo cierto es que, a pesar de la contenida verdad que estos estudiosos dan a estos fenómenos y de las, cada vez más, determinantes aportaciones que hace la ciencia, persiste aún hoy la incansable duda existente en la veracidad de la faceta unificadora del personaje y que mantiene dividida a la comunidad investigadora.