El Partenón: Iktinos, Kallikrates y Fidias

 

- El Partenón: Iktinos, Kallikrates y Fidias

El monumento más importante de la Grecia antigua, es considerado una de las obras más bellas de la humanidad.

Tras las guerras médicas, Atenas se encuentra prácticamente destruida, pero no sus habitantes.

Estos tras su victoria recuperan la acrópolis como lugar emblemático y visible de la ciudad.

En este momento Pericles planteó ante la Asamblea la necesidad de construir un nuevo templo en el lugar donde había comenzado la batalla de Maratón, financiándolo con los fondos estatales incrementados tras la guerra.

La idea era realizar un templo de grandes dimensiones para poder albergar la estatua de Atenea más grande de todos los tiempos, que estaría cubierta de oro y marfil.

De este modo en el año 448 se decidió la construcción del Partenón, eligiendo como arquitectos a Iktinos y Kallikrates, y nombrando como escultor a Fidias, buen amigo de Pericles.

Lo primero que se decidió fueron las dimensiones del estilobato o plataforma donde reposan las columnas del templo.

Se pensaron en ocho columnas para la parte frontal, que sumarían unos 31 metros de ancho, por diecisiete en los laterales, dando un largo de 70 metros.

La elección de las dimensiones se decidió tras un extenso estudio, ya que debían guardar relación entre ellas, junto con todas las medidas del templo, basándose en principios matemáticos.

Tras la manufactura del estilobato se continuó levantando el peristilo.

En el siglo V a.C. los atenienses tenían gran habilidad a la hora de utilizar las poleas y las grúas.

Se usaban, además, bloques de mármol de pequeños tamaños para hacerlos mas manejables y se colocaban unos sobre otros sin argamasa, de tal modo que las uniones resultaran prácticamente invisibles.

Se puede observar que todas las hileras de sillares se hallaban niveladas, y que para mantener unidos estos bloques se utilizaban abrazaderas de metal en forma de «T» doble.

En cuanto a su interior, los griegos temían que por la altura y dimensión de la nave, las cubiertas de madera no aguantaran el peso, por ello, plantearon la solución de colocar una doble fila de columnas que recorriera la nave desde la portada hasta la parte trasera, paralelas a los muros.

Para que esta decisión no produjera una sensación de amontonamiento en el interior, se decidió colocar dos pisos de columnas de estilo dórico con fuste mas estrecho.

A su vez, en la parte superior se usaron otras de manufactura más estrecha y de menor diámetro.

Casi todos los templos perípteros dóricos tenían seis columnas en sus portadas, mientras aquí Fidias decidió colocar ocho para que se pudiera lucir en su esplendor la estatua de la diosa, motivo principal del proyecto.

Además para ensalzar la imagen de la diosa de la sabiduría, el escultor colocó algunas columnas en la parte trasera, de tal manera que formaban una «U» que acogía la imagen.

Otro problema a solucionar era la realización de la sala posterior que por su pequeño tamaño debía contar con soportes de menor tamaño, pero de idéntica altura que la nave central.

Por ello se optó por colocar columnas de orden jónico, más esbeltas que las dóricas, y por lo tanto capaces de completar la elevación deseada.

La cubierta exterior se realizó a base de vigas y pares de madera sobre los que descansaban las tejas.

Se colocó a su vez una serie de seis acroteras, elementos decorativos colocados en los tres ángulos del frontón triangular, que aquí representaban grandes dibujos florales, disimulando la severidad de los vértices del tejado.

Con la cubierta se había finalizado la gran obra, pero no sólo importaba la construcción para su belleza final sino también la minuciosidad de su acabado, conseguido a base de superficies lisas tanto en los muros como en las columnas y en la invisibilidad de sus uniones.

Finalmente el templo se culmina con un precioso trabajo escultórico, que junto con la excelsa construcción es el protagonista de esta obra maestra.

Se coloca esta decoración en los grandes frontones, que gracias a sus vastas dimensiones permitió contener esculturas de gran tamaño esculpidas en bulto redondo.

Todas las esculturas del Partenón están cargadas de significados, por ejemplo las metopas realizadas hacia el año 447- 442 a.C., representan partes de batallas legendarias.

En el lado sur se muestra el conflicto de los lapitas, hombres míticos del norte de Grecia, con los centauros, monstruos mitad hombre mitad caballos.

Los mitos dentro de la vida de los griegos tenían gran poder, pues los tomaban como modelos para su propia experiencia.

La historia de estas batallas entre lapitas y centauros les sugería que los últimos eran unos bárbaros, mientras los lapitas eran personas civilizadas.

Se proyectaba esta historia en la suya propia contra los persas, siendo estos últimos los bárbaros, y así se observa como los valientes vencieron a estos hombres sin modales.

Otras historias representadas en las metopas son las amazonas atacando a los atenienses, los dioses combatiendo contra los gigantes y la guerra de Troya, viéndose estos pasajes como alegorías a las guerras médicas recién sucedidas.

 El siguiente proyecto escultórico reseñable es el friso de gran longitud, este se encuentra decorado con una procesión de personajes donde aparecen jinetes, hombres sobre carros o jóvenes con bandejas para el sacrificio.

También en el lado este, aparecían unas muchachas con ofrendas dirigiéndose a la asamblea de dioses y héroes, donde estaban Zeus y su esposa Hera, o la propia Atenea, apareciendo como protectores de la polis.

Dicha procesión debía recordar a los atenienses la realizada por ellos en honor a Atenea, que regularmente se llevaba a cabo junto a este friso esculpido.

Para darle mayor significado a esta representación se extendió la idea de recordar a los caídos en la batalla de Maratón recibidos por los dioses, a través de dichas imágenes.

Por otro lado esta representación no tiene paralelo en la historia de Grecia, por ellos se cree que se esta mirando al mundo persa, donde colocaban procesiones en las escaleras y pasadizos de paso para las procesiones que rendían tributo a los dioses.

Las últimas partes decoradas en el templo son los frontones, realizados tras la marcha de Fidias en el 438 a.C. cuando ya había finalizado la gran estatua.

En el de la parte oeste se colocó el enfrentamiento de Atenea con Poseidón por el patronazgo de Atenas, mientras en el de la zona este se observa el nacimiento de Atenea de la cabeza de su padre rodeada de dioses reunidos para tan especial ocasión.

Los eruditos de la antigüedad no citan esta decoración en sus obras sino que nos hablan de la gran estatua de la diosa.

Escriben sobre una estatua de diez metros de alto, que tenía el rostro, los brazos y los pies cubiertos de marfil; mientras la ropa era de oro con incrustaciones de piedras preciosas.

Así el Partenón se construyó a modo de enorme joyero, para albergar esta magnífica obra, sin ninguna función de templo a la usanza.

En la Edad Media, se sabe, que ya no quedaba nada de esta estatua, y que lo único que se ha conseguido conservar son pequeñas reproducciones a menor escala.

Veamos ahora como el tiempo y la historia cambió el curso de esta construcción.

Los romanos pasaron por Grecia sin realizar ningún gran estrago, y sin modificar el Partenón.

Debemos llegar al siglo VII d.C. para verlo convertido en la iglesia de la Virgen María, modificándose con la presencia de un ábside.

Con la división del Imperio Romano ésta pasó ahora a ser iglesia ortodoxa, para volver a ser católica romana con la presencia de los cruzados europeos.

En el siglo XV cayó la ciudad en manos de los turcos, pasó entonces a ser una mezquita, utilizando el antiguo campanario cristiano en minarete.

Pero fue a causa de la presencia turca cuando el Partenón acabó destruido, pues estos almacenaron pólvora dentro y tras un ataque veneciano todo estalló por los aires, quedando totalmente destrozado.

Así se encontró el Partenón Lord Elgin, cuando llegó a Atenas en 1799 como embajador británico ante Turquía.

Este consiguió salvar alguna parte y realizar moldes, que entregó al Museo Británico.

En la actualidad el Partenón sigue amenazado por el deterioro causado por el tiempo y, sobre todo, por la contaminación que le rodea.

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