Pedro Berruguete: Vida y obras

Son muchas las hipótesis que se barajan sobre la vida de Pedro González Berruguete, porque son muchos los datos que no se conocen con certeza.

El intervalo de fechas aceptadas por los diferentes autores para situar su nacimiento abarca desde 1440 hasta 1555, a partir de este intervalo se formulan diferentes hipótesis temporales del suceder de los acontecimientos de su vida.

Biografía de Pedro Berruguete

Hijo de una familia acomodada de hidalgos al servicio de los Manrique, entroncados en la sociedad de su natal Paredes de la Nava, se casó con Elvira González, de familia noble y rica, por lo que su situación económica se consolidó aún más.

El matrimonio tuvo seis hijos, que en 1504, siendo menores de edad se quedarían huérfanos, pues Pedro Berruguete fallecía, dejando en herencia sus dotes artísticas al mayor de sus hijos, Alonso Berruguete, genial pintor, escultor y artista

Aprendizaje artístico de Berruguete

Su aprendizaje artístico, como evidencia su estilo pictórico, se inicia en una atmósfera flamenca, de la mano de Joss van Wassenhove (Justo de Gante), antes de 1497, en una Castilla de la época habitada por numerosos pintores flamencos que desarrollaban su trabajo en el reino.

En su juventud Berruguete realizó un viaje a Italia, donde vivió en alguna ciudad de ambiente artístico cercano a la obra de Federico de Montefeltro.

Posiblemente fue la ciudad de Urbino, o incluso Roma, donde se vivía un momento brillante del arte, poblada de artistas de gran talento que pintaron las obras más significantes, las ciudades que albergaron al joven pintor, recomendado por su tío dominico entre la Curia y el círculo cercano de algún cardenal o incluso del Papa.

Obras de Pedro Berruguete

En la península itálica pinta el “Retrato de Sixto IV”, expuesto en el Museo del Louvre de París, y el retrato de “El Duque de Montefeltro y su hijo” en el Palacio Ducal de Urbino.

A su regreso a España realiza la aportación más importante de su carrera artística: la introducción del Renacimiento italiano en Castilla, donde rápidamente comienza a realizar una serie de trabajos religiosos para personajes influyentes como el arzobispo de Toledo, en cuya catedral decora con pinturas, los muros de la capilla del Sagrario en 1483, o Pedro González de Mendoza, Canciller Real en aquel entonces de los Reyes Católicos.

De 1485 a 1488, reside de nuevo en su localidad natal donde realiza las pinturas del “Retablo de Santa Ana y la Virgen”, que concluye para retornar nuevamente a Toledo.

Tras un periodo de laguna documental, está registrado que vuelve a trabajar en la ciudad, en 1494 por encargo del miembro de la inquisición Tomás de Torquemada, pintando el “Retablo Mayor” del Convento de Santo Tomás de Ávila.

Uno de las pinturas más interesantes y destacadas de este retablo, es la representación del “Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán”, recogido actualmente en el Museo del Prado.

La vinculación de Pedro Berruguete a la localidad castellana de Paredes de la Nava, donde instaló su taller de arte, fue constante durante toda su vida.

En esta localidad pasa la última etapa de su existencia ejerciendo su oficio de la pintura.

Una de las obras de esta época, que ha desaparecido parcialmente es el “Retablo” de Guaza, realizado en 1501.

Su pintura, destacada y característica por la influencia del Renacimiento italiano, se obceca en encuadrar las figuras y las acciones en el espacio, valiéndose para ello de la luz y la perspectiva.

En la etapa castellana, tras regresar de su viaje a Italia, se puede observar como en la pintura de Berruguete se pierde paulatinamente el interés y el gusto por el detalle y la minuciosidad, a la vez que las formas y las figuras se cargan de sobriedad.

A su temprana muerte el nombre de Pedro Berruguete pasó a un segundo plano, en una sociedad y una época donde las manifestaciones pictóricas estaban peor consideradas y reconocidas, que el arte escultórico y arquitectónico.

De este modo, “Berruguete el Viejo” pasó a la historia eclipsado por la genialidad artística de su hijo Alonso Berruguete.

Sólo en la actualidad se le está otorgando el protagonismo e importancia merecidos, con la abundante bibliografía que en el siglo XX, se ha escrito sobre Pedro Berruguete.

Pedro Berruguete fue un artista vocacional, de entregada vida a la expresión artística y al ejercicio pictórico, que no se convirtió en un mero artífice en la Castilla de los Reyes Católicos.

Fue un Hidalgo de la Tierra de Campos, que paseó su arte y sus raíces por todo el territorio castellano leonés de la época.