Plantas venenosas y parasitas: La cara oculta

 

La imagen que tenemos del reino vegetal es bastante bucólica y suele corresponder a florecillas primaverales y prados apacibles.

Pero las plantas pueden llegar a desarrollar un grado notable de perversión: hay plantas vampiras, estranguladoras y torturadoras; plantas que envenenan a sus competidoras e incluso a sus propios retoños; plantas que se vengan de las orugas que las consumen manipulando su metabolismo para que desarrollen dos cabezas al convertirse en mariposas y mueran, etc.

Plantas parásitas: Nombres y ejemplos

Las plantas parásitas introducen unos tallos puntiagudos, a modo de colmillos, en otras plantas, a las que roban la sustancia vital.

La cuscuta, por ejemplo, es una planta que sale a cazar, al modo de un depredador animal. Está formada por hilos muy delgados, desprovistos de clorofila, que crecen serpenteando en diferentes direcciones, y parecen husmear a sus presas.

Cuando topan con un tallo rico en alimento (a los más escuálidos y menos jugosos los rechazan), lo rodean, se adhieren a él con ventosas adhesivas y lo vampirizan, clavando unos hilillos chupadores.

Los jopos son parásitos sobre todo de leguminosas, y absorben el jugo de sus raíces. A veces infestan de forma abrumadora los cultivos de habas y sus semillas pueden permanecer 5 ó 6 años en estado latente, a la espera de que se siembren de nuevo habas en el terreno.

Rafflesia es la planta que produce la mayor flor del mundo. Es una flor enorme, de unos ochenta centímetros de diámetro, de color marrón y olor a cadáver, para atraer a las moscas.

Quizá no sea casualidad que esta planta sea parásita: las plantas deben economizar sus recursos y destinar a la reproducción sólo los necesarios, sin comprometer su supervivencia.

Pero las plantas parásitas no tienen esta presión de selección tan fuerte.

Como no necesitan desarrollar hojas, raíces, ni tejidos de sostén, pueden dedicar todos los recursos a las flores y a la reproducción. Explotan al máximo a las especies que parasitan y no les importa demasiado que pasen apuros para alimentarlas.

Las higueras estranguladoras son aún peores, pues acaban asesinando a las plantas que les habían proporcionado sostén y les habían permitido ascender hasta la luz.

Sus semillas germinan en lo alto de un árbol y emiten raíces que se dirigen hacia el suelo.

Cuando lo alcanzan, absorben agua y nutrientes y permiten a la higuera crecer en altura, y emitir cada vez más raíces que van rodeando al tallo del árbol.

Cuando éste intenta crecer en grosor se encuentra aprisionado, aunque es probable que muera más bien porque las hojas de la higuera le roban la luz. Cuando el árbol muere, la higuera se sostiene por el cilindro que forman sus raíces.

La muerte lenta que produce la higuera es comparable a la que producen las plantas carnívoras a los animalillos incautos que caen en sus trampas.

Éstas parecen haber sido diseñadas con bastantes dosis de maldad.

Las droseras poseen muchos pelos que terminan en una gota pegajosa. Cuando un insecto se posa sobre sus hojas, los pelos se mueven hacia él y lo inmovilizan. Sus convulsiones desesperadas no consiguen más que atraer a más pelos. Luego, será digerido lentamente, por medio de sustancias que lo van disolviendo poco a poco.

Algunas plantas acuáticas succionan a sus víctimas hasta el interior de unas celdas transparentes; las nepentes y otras plantas presentan trampas en forma de jarro resbaladizo, que están rellenas de líquido y donde las presas mueren ahogadas y digeridas; la dionea o venus atrapamoscas posee trampas de resorte, y encierra a sus víctimas en una especie de jaula con gruesos barrotes.

Estas trampas poseen unos pelillos sensitivos que cuando son tocados dos veces por un insecto (un solo toque puede deberse a una hoja o semilla que cae), disparan de forma fulminante un mecanismo que las cierra, al modo de las fauces de un animal de presa.

Las plantas carnívoras aparecen sobre todo en suelos pantanosos y pobres en nutrientes, y recurren a la alimentación animal para cubrir sus carencias de algunos elementos esenciales, como el nitrógeno.

La suerte que tenemos los animales es que estos requerimientos no son muy elevados (con un insecto las plantas pueden tener para varios meses).

Las plantas carnívoras gigantes, capaces de englobar y digerir a un ser humano, son un invento de los cómics de aventuras, pero quizá pudieran existir en un planeta con una ecología un poco diferente.

Plantas venenosas

La mayoría de las plantas muestra sin embargo su crueldad de un modo más sutil e insidioso: por medio de venenos.

Las plantas, que gracias a su metabolismo autónomo pueden explorar la síntesis de muchas sustancias químicas, usan con profusión sustancias tóxicas de todo tipo.

Muchas de estas sustancias están destinadas a protegerlas de los depredadores, pero otras tienen como misión eliminar a cualquier brote vegetal que pudiera hacerles la competencia.

Muchas plantas emiten sustancias que matan a los ejemplares jóvenes de su misma especie que crezcan en las cercanías.

Existen plantas que se constituyen en auténticos tiranos, eliminando de sus inmediaciones a las plantas que osen hacerles sombra.

Los eucaliptos, por ejemplo, cuando son introducidos en zonas donde no son nativos, y donde no hay plantas preparadas para resistir sus venenos, exterminan a casi todas las plantas que podrían crecer en su sotobosque, que presenta un aspecto yermo y desolado.

Los pinos y otras coníferas también producen un medio hostil para el desarrollo de otras plantas, ya que sus hojas se descomponen lentamente y hacen que el suelo se vuelva bastante ácido (que, por otro lado, es lo que prefiere la mayoría de los hongos, y por eso los bosques de coníferas son buenos para buscar setas).

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