¿Quién fue Mohandas Karamchand Gandhi?

Mohandas Karamchand Gandhi

Resulta sumamente enriquecedor captar la filosofía de vida de algunas personas que son capaces de encontrar una fórmula que despeja la verdad, que hacen uso de un “arma” muy distinta a la que usamos la gran mayoría para defendernos de algo o de alguien, que creen que la verdadera democracia sólo puede ser resultado de la no violencia.

¿Qué defendía Gandhi?

Mohandas Karamchand Gandhi, una de las grandes personalidades del mundo moderno, convierte lo que muchos de nosotros consideramos una utopía, en una realidad plenamente alcanzable.

Defendía el pasado de sus gentes frente al horror industrializador que los occidentales identificaban con el progreso.

La imagen de Gandhi trabajando en el torno de hilar es tan representativa como la noticia de sus huelgas de hambre, su resistencia pasiva, sus marchas pacifistas o sus movimientos de desobediencia civil.

Una larga estancia en Sudáfrica, donde ejerció la abogacía, sirvió a Gandhi de rodaje espiritual y político.

Cuando a principios del siglo XX regresa definitivamente a la India desarrolla su vocación de tal forma que el sentimiento nacionalista gira desde entonces a su alrededor, impregnándose poco a poco de las teorías pacifistas de su nuevo líder.

La gran aportación de Gandhi a la humanidad

La gran aportación de Gandhi a la humanidad es el revolucionario concepto que ofrece de la resistencia, añade a la posibilidad del empleo de la fuerza el enfrentamiento y la desobediencia desarmada.

Con ellos conseguirá mostrar a la opinión internacional la verdadera causa de la violencia, la violencia originaria del ocupante.

El periodo de entreguerras coincide con el triunfo del gandhismo, primero en forma de mítines, después manifestaciones y huelgas intermitentes de un solo día, posteriormente, campañas de abandono y desobediencia, boicot de las elecciones y rechazo de cualquier colaboración con los ocupantes.

En estos momentos, los británicos intervinieron con fuerza, mataron a cientos de personas en una concentración y detuvieron a Gandhi cuyo último pensamiento era la rendición y el abandono de su valentía.

Respondía a la situación con largos ayunos, retiros prolongados y artículos políticos que constituían el sustento de las gentes sencillas.

La inmensa tarea pedagógica ejercida, convirtió a aquél cuerpecillo cubierto con ropa de campesino en todo lo que necesitaban las empobrecidas masas indias.

Trató de enseñar a sus pobres el camino de la independencia respondiendo a la dureza del poder y el expolio con la intransigencia de la razón y las gigantescas armas de la voluntad y la actitud persuasiva.

Como a muchos grandes genios; porque para poner en práctica durante toda una vida ese concepto de resistencia hay que ser un genio, un sabio y un verdadero carácter, intentan arrebatarle su propio triunfo, la prensa londinense publica toda clase de caricaturas de Gandhi con objeto de ver si consigue hacerle caer en el ridículo ante la opinión “nov”.

Pero lo notable es que cuanto más se retuerce una cosa, tan fácil de exagerar como la silueta del hombrezuelo que no es ya sino todo cráneo y esqueleto, tanta más radiación mística parece desprenderse de esas caricaturas: Gandhi, el hombre más feo de la tierra puede más que los lápices de los que quisieran vencerle a fuerza de mostrarle tal y como es.

El gran poder de Mahatma Gandhi

Testimonio de esa fuerza podrían darnos ejemplos como Madeleine Slade, la hija de un almirante inglés, que era una de las muchachas más elegantes y bellas de la sociedad angloindia.

Miss Slade, recién salida de uno de los mejores colegios ingleses, llevaba camino de ser una más entre las inglesas de la época que todo lo cifraban en jugar bien al tenis, en no equivocarse al “bridge” y en saber servir el té.

Pero pasaron algunos años y miss Slade decidió ir a visitar, por curiosidad, a Gandhi.

Nadie sabe lo que sucedió en esta primera entrevista entre la elegante y el hombrecillo, que ya era un ser horripilante para los que le miraban sin ojos místicos.

Sin duda alguna, la voz chillona y medida de Gandhi fijó desde el primer momento la atención de miss Slade, quien a partir de ese momento le acompañaba, le cocía la leche de cabra y le leía pasajes de los Vedas.

Ejemplos como este hay muchos pero no tendríamos espacio para contar la experiencia de cada uno de sus seguidores.

Gandhi salió de la India diciendo que “no esperaba mucho pero que emprendía el viaje porque era optimista”.

Mejor no explicar la frase, la estropearíamos.

A parte del optimismo que evidentemente engancha y arrastra, poseía una fuerza especial para atraer a la gente, seguramente por su libertad de pensamiento y de actuación, por su conexión entre lo que hacía y lo que decía, por su forma justa de ver la vida.

La sathyagraha decía Gandhi, “es la reivindicación de la verdad, no mediante el infligir padecimientos al contrincante sino sobre el propio ser”.

Esta actitud exige todo un potente autocontrol, pues las “armas” con las que pretendemos vencer residen en el alma.

Es una herramienta pacífica: cuando las palabras no alcanzan para convencer o disuadir al adversario, se recurre a la pureza, la humildad y la honestidad.

No se trata de comprimir, convertir o aniquilar al oponente, sino de “redimirlo del error, mediante la paciencia y la simpatía”.

Hasta las últimas consecuencias.

Pues éstas son las armas con las que Gandhi educado a caballo entre la tradición hindú y la cultura británica, descubre la fuerza del pacifismo y evidencia la violencia intrínseca del sistema colonial.

En una de sus conocidas reflexiones podemos encontrar mucho de su filosofía; “también sería inconcebible encontrar en mis escritos una sola palabra de odio, ¿no es el amor lo que hace vivir al mundo? No hay vida donde no está presente el amor… La vida sin amor conduce a la muerte.

El amor y la verdad representan dos caras de la misma moneda…estoy seguro de que por medio de estas dos fuerzas se puede conquistar el mundo entero”.

El liderazgo de Mohandas Karamchand Gandhi al frente de las reivindicaciones de independencia de la India le costó finalmente la vida.