Los Reales Alcázares de Sevilla

 

- Los Reales Alcázares de Sevilla

De remotos orígenes, este palacio sevillano es uno de los más bellos modelos arquitectónicos pertenecientes a la Corona de España.

Desde 1987 este bello palacio fue nombrado patrimonio de la humanidad, y desde años atrás utilizado como residencia regia bajo el patronato de patrimonio nacional.

El origen del edificio o de su ubicación se remonta a la época romana, cuando situado extramuros dicho espacio era de gran actividad comercial.

Posteriormente se alzó una basílica paleocristiana dedicada a San Vicente Mártir, quedando, aun hoy restos fehacientes de esta presencia.

Con la invasión árabe del 711 la ciudad de Sevilla aumentó sus márgenes introduciendo este espacio al núcleo de mayor actividad; edificando allí la Casa del Gobernador, por orden de Abd al-Rahman III.

A continuación este núcleo se fortaleció por orden del siríaco Abdía ben Sinan en el siglo X.

Con esta ampliación el edificio comenzó a tomar la importancia y forma original.

Múltiples reformas y cambios se sucederán en los siglos posteriores, sufriendo un significativo proceso de crecimiento en el siglo XI y en el XII.

La imagen que poco a poco se iba conformando, correspondía a los gustos almohades de la época, de grandes jardines, frescos patios llenos de agua y luz, y múltiples estancias; que otorgaban un conjunto lleno de luces y sombras dignos de la arquitectura árabe en plena consonancia con las costumbres hispanas.

Así alcanzamos el año 1248 cuando Fernando III el Santo, conquista la ciudad y convierte el lugar en residencia regia.

Su hijo Alfonso X el Sabio se enamorará de sus rincones realizando algún cambio en su aspecto, adaptando los gustos islámicos a las necesidades de la Corte, dando al palacio un cierto aspecto gótico.

Con Alfonso XI el palacio se viste con maderas y técnicas mudéjares, creando un verdadero repertorio de decoración civil dentro de las estancias del Alcázar.

Por sus aposentos pasaron los Reyes Católicos ó el emperador Carlos V, en cuya corte se hospedaron personajes como Baldassare Castiglione o posiblemente Garcilaso de la Vega.

Con el auge de la corona durante el reinado del monarca los alcázares se engalanan, se transforman majestuosamente como sucede en el Palacio Bajo que se enlosa de mármol y se realizan excelsas techumbres conocidas hoy como los techos de Carlos V.

Este esplendor se continuó en el reinado de su hijo Felipe II pues enclavada en el centro neurálgico de España, Sevilla era el puerto a las Américas, por lo tanto centro estratégico de actividades comerciales de gran envergadura.

Durante estos años el rey pasó largas estancias en el palacio, por ello la adecentó, lo embelleció con mármoles, creo el corredor del Príncipe para unir las estancias del Rey y de la Reina, con bellos jardines y fuentes.

Tras estos monarcas, Sevilla comienza a sufrir altibajos al igual que el Palacio, con Felipe III aun mantiene su status, para mantenerse en mayor o menor medida según el monarca reinante.

Se sabe que Felipe V y su esposa Isabel de Farnesio pasaron largas y agradables estancias entre estos muros sevillanos.

También la esposa de Carlos IV, Maria Luisa de Parma o la mismísima Isabel II.

Ya en el siglo XX personajes relevantes como el Marqués de Vega Inclán dejaron su huella en el edificio, transformando algunos pequeños detalles, sin modificar en exceso el conjunto.

Con todas estas intervenciones y tan larga vida de creación, los Reales Alcázares de Sevilla se presentan ante el espectador en todo su esplendor pues guarda en sus muros la esencia de todos los monarcas que allí durmieron, al igual que la magia de antiguas épocas.

Se accede a este recinto por la puerta del León datada hacia el siglo XIV y llamada así por el panel cerámico que corona el arco de entrada, acompañado de un verso extraído de La Eneida de Virgilio.

Tras él, se accede al patio del León donde se observan restos de la muralla almohade, y qué en su disposición original, dentro del recinto árabe, sería el Mexuar o espacio intermedio entre la calle y la vida privada.

Antes de acceder al palacio se halla el Patio de la Montería llamado así porque era el lugar donde los Reyes esperaban a las visitas.

Se accede desde allí al Cuarto del Almirante y a la Casa de Contratación, todo ello ubicado en el ala derecha del anterior patio.

Ambas salas son de una sola planta y en ellas se llevaba a cabo actividades relacionadas con sus denominadores.

Bellas obras pictóricas y de artes decorativas encierran estas paredes; así como nobles momentos relacionados con las más grandes expediciones se desarrollaron bajo estos preciosos techos.

Así se accede a la Escalera Principal realizada bajo mandato de Felipe II, que consta de tres tramos para acceder a la parte superior, toda ella con arquería doble de medio punto sustentada con columna jónica de mármol.

Además en su zócalo se observa una manufactura de azulejería sevillana sin parangón, datables hacia el siglo XVI.

En su ascenso dos obras de pintores españoles alegran el camino, un cuadro de Francisco Roelas y otro de Federico de Madrazo.

De tal modo hemos accedido al Palacio Alto.

Lo primero que vemos es una sala rectangular conocida como Saleta de la Reina cuyo techo es todo un panel de artesonado de lazo, con los símbolos de los Reyes Católicos y que da acceso a la cámara de la reina Católica.

Por este vestíbulo se alcanza la Alcoba regia y el Oratorio de las Reyes de culto privado con bellas bóvedas nervadas; rematando las paredes con grandes paneles de azulejería sevillana de temas devocionales.

Desde la habitación de la reina se puede acceder al dormitorio del príncipe primogénito, ahora conocida esa sala como el antecomedor, con varios vanos de acceso a diversas estancias.

Uno de estos vanos da acceso el comedor de Gala, una sala rectangular con bello artesonado como techumbre, lámparas de La Granja de San Idelfonso, y un pequeño espacio denominado Sala de Fumar, de época de Felipe II.

El flanco que queda a la izquierda del vestíbulo está destinado a los departamentos de los infantes, todo lleno de habitaciones que abren sus balcones a los jardines exteriores.

Estas salas en la antigüedad pertenecían a las dependencias del Rey, reformadas durante la época imperial de Carlos I de España.

Entre estas estancias destaca el Retrete del Rey o sala de descanso del monarca, el Comedor de Familia y el Mirador de los Reyes Católicos, todas ellas con artesonados con las iniciales regias, y ricas yeserías decorativas de pleno estilo plateresco.

Hallamos en este palacio alto las dependencias de las infantas y de la Reina; así como la Sala de Música, el Despacho Real o la Sala de Audiencias.

Ya fuera de estos espacios encontramos más edificios relevantes como el Palacio del Rey Don Pedro I de Castilla, considerado el primer edificio civil de Sevilla.

Un edificio de estilo gótico pero hibrido en sus ornamentaciones pues hay una gran repercusión de repertorio iconográfico islámico.

Su fachada principal da al patio de la Montería con una de los mejores trabajos mudéjares existentes en arquitectura, de una belleza sin igual.

Así se accede a su vestíbulo desde donde se reparten las salas, a la derecha las de uso domestico o privado y en el flanco izquierdo las públicas u oficiales.

Tras este vestíbulo se da paso al Patio de las Doncellas en torno al cual discurría la vida de la corte.

Numerosas estancias de audiencia y de vida privada se pueden ver entre estos muros como el dormitorio de los Reyes Moros, o el Salón del Techo de Felipe II; todas ellas en perfecta consonancia arquitectónica de gusto cristiano adaptado a las necesidades de la calurosa Sevilla, a través de los recursos que otorga la arquitectura y el arte islámico.

Un sinfín de bellas edificaciones compone este conjunto de los Reales Alcázares, un ejemplo de asimilación de culturas adaptables a las necesidades de cada momento.

Finalmente todo ello se envuelve en medidos y perfectos jardines, llenos de fuentes, que crean un ambiente fresco, mágico y musical.

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