Retrato de Josette Gris: Juan Gris

juan gris

El método y la originalidad de Juan Gris se funden en esta obra para proporcionarnos la clave del cubismo.

A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX se vive en Europa una situación inestable, promovida por los nacionalismos y rivalidades políticas que marcan el camino hacía la Primera Guerra Mundial.

Es en este panorama donde surgen las llamadas vanguardias, nombre con el que se conoce las diferentes rupturas con el arte anterior, que se sitúan en paralelo con la situación social.

Dentro de estas vanguardias se encuentra el estilo artístico conocido como cubismo.

Dicho movimiento se desarrolló en París desde el año 1907 hasta el 1914.

El término fue acuñado por un crítico francés llamado Louis Vauxcelles, que habló de unas obras realizadas a base de cubos.

Por lo tanto dicho término tendría connotaciones peyorativas hacía esta nueva forma de pintura.

El movimiento tiene su mayor representación en la pintura, y su objetivo principal es alejarse de lo naturalista.

Al romper con la visión realista utilizada desde el renacimiento, se produce uno de los cambios más radicales dentro de la Historia del arte.

Se alza como una respuesta a lo sentimental, a lo tradicional, siendo el precursor de algunos movimientos posteriores.

El predominio de la forma y la línea, junto al alejamiento de la perspectiva hace que la pintura hunda sus raíces en el arte más primitivo de las tribus africanas.

Esto, junto a las propuestas del postimpresionista Paul Cézanne conforma las bases teóricas del nuevo arte.

Cézanne afirmaba que “Las formas de la naturaleza parten de las más simples como son el cono, el cilindro o la esfera”, y de este modo quedaba establecido el nacimiento de una nueva visión del mundo a través del arte.

En él se rompe con la perspectiva tradicional para crear un espacio lleno de planos unidimensionales.

Traslada las formas de la naturaleza a meros módulos geométricos, dando un único plano para cada objeto.

Se puede hablar de un primer cubismo analítico donde el artista plasma la realidad a través de formas básicas, tal como proponía Cézanne.

Pero tras esta primera fase, se desarrolla para dar paso al llamado cubismo analítico donde se nos presenta el objeto desde numerosos ángulos, los cuales, simultáneamente distorsionan la realidad.

Generalmente en ambos periodos, ya sea en el sintético como en el analítico, el cubismo basó su paleta en tonos austeros como el gris, el marrón o el verde.

Biografía de Juan Gris

Dentro de este panorama artístico sobresalió José Victoriano González Pérez, más conocido como Juan Gris.

Gris nació en Madrid en 1887 donde se formó como pintor, colaborando en numerosas revistas donde cabe destacar “Blanco y Negro”.

Así sucedió hasta que en 1906 se instaló en Paris en el célebre Bateau Lavoir, junto a otros artistas, como Pablo Picasso o Georges Braque.

En sus primeros años dedicó su talento a la ilustración gráfica y al dibujo humorístico, colaborando en varias revistas, pero a partir de 1910 decidió dar el gran salto y dedicarse a la pintura.

A través del marchante Kahnweiler y de su primer contrato con él comienza a exponer en el Salón de los Independientes y colabora en la exposición cubista de José Dalmau.

Obras de Juan Gris

Su obra puede considerarse la culminación del cubismo sintético, pues está plasmada de precisión y progresión.

Su trabajo, tal como él dejó escrito, respondía a tres elementos claves: lo que representa, el color y sus formas; todos ellos juntos componen la unidad compositiva, creando así una obra de valores absolutos.

Su característica más personal fue el equilibrio, logrado a través de lo general llegando a lo particular; y el uso de colores planos.

El retrato de Josette Gris

Trató el cubismo con maestría tal como se puede observar en una de sus grandes elaboraciones “El Retrato de Josette Gris”.

josette gris

Esta obra la realizó en plena cumbre de su cubismo, hacía 1916.

El artista decidió retratar a su esposa, como reflejo de sus conocimientos a las tradiciones anteriores.

En esta obra podemos encontrar la traslación de todo su saber plasmado en el lienzo.

Olvidándose por completo de la perspectiva da una importancia especial al volumen y sobre todo, como elemento innovador, a la luz.

La figura retratada, aparentemente sentada sobre un fondo imposible, se descompone en miles de planos remarcados por el novedoso uso del negro.

A su vez la figura se representa transparente creando una unidad visual con el fondo, que lejos de dar bidimensionalidad produce una unidad visual, junto con la sombra de la retratada que tampoco proyecta profundidad sino un solo plano.

Aunque ya mencionábamos la predilección del artista por los tonos austeros y fríos, que aquí también usa, la introducción de las gamas más claras, casi blancas, usadas en el rostro y en las manos aportan al conjunto una sensación de calidez.

Sin embargo, reconocemos la imagen representada; este apunte es importante, pues el cubismo de sus contemporáneos tendía hacia la descontextualización total del objeto, pero la mente teórica de Juan Gris nunca le permitió desprenderse de ese toque de realidad.

La imagen descompuesta y proyectada en multitud de planos, todos ellos pertenecientes a una misma figura, son aquí la clave de la obra.

El conjunto crea una sensación lejana de realidad pero más cercana a la abstracción, tendencia que más tarde observaremos en el arte europeo.

La posición elegida para retratar a su esposa es sentada en una silla y de lado, aspecto que nos recuerda vivamente la obra de Picasso “Mujer con Mandolina” pintada poco antes que la que aquí estamos analizando.

Quizás, la relación se halla en ese aire cotidiano que también podemos observar en el lienzo picasiano.

Aunque no existe ningún dato claro sobre esta relación, ni ningún documento que asegure que Juan Gris pensaba en el trabajo de su paisano al hacer su retrato.

La obra de Gris se ve caracterizada entonces, por esta mezcla perfecta de abstracción y realidad que conviven en sus lienzos con cierto clasicismo.

Además, este óleo aportará las bases para la conformación de obras puristas posteriores a manos del grupo de Le Corbussier o de Ozenfant.

Estos admirarán este retrato por su pureza, lo que marcará las pautas de su obra.

Características de sus obras y fallecimiento

Pero además de la pureza, se debe resaltar la humanidad de sus obras, su sencillez, su sentimentalismo, dichas cualidades fueron las que también provocaron un alejamiento de sus seguidores pues anhelaban un camino más transgresor.

Gris fue, además de pintor, un gran teórico del movimiento cubista, trasladó a papel las pautas básicas en las que desarrollaba su obra.

Estas ideas y teorías las podemos ver perfectamente representadas en este lienzo.

El cual supone la culminación de un estudio exhaustivo sobre la forma, no solo en lo práctico, sino también en lo teórico.

A final de su corta vida, pues falleció con tan solo cuarenta años, tuvo una etapa de regresión al orden quizás guiado de las fuertes impresiones producidas por la cruel guerra que acababa de asolar el continente.

Durante esta etapa siguió exponiendo en grandes galerías, colaborando como dibujante en revistas y componiendo alguna obra mucho más figurativa pero enmarcada dentro de su movimiento, el cubismo.

Su pintura es la representación del rigor, en ella Gris buscaba un arte neutro, calculado, realizado por la razón y que creara la universalidad que el artista pretendía con su obra.

Tras observar este retrato podemos afirmar que el pintor consiguió su anhelado equilibrio y su preciada armonía, a través de unos planos, que presentan una realidad única en la mente del artista.

Debemos considerar a Juan Gris el verdadero hijo del cubismo, pues dedicó su faceta pictórica a él, pero también puso su mente dentro de dicho movimiento consiguiendo así crear su propia personalidad dentro de dicha vanguardia.