Santiago Calatrava: Biografía y Obras

Santiago Calatrava

Santiago Calatrava Valls nació en Benimamet, un pueblo pequeño de Valencia (España), en 1951.

En 1968, al llegar a la universidad, escogió Bellas Artes, pero, terminado el primer curso, decidió cambiar el rumbo y matricularse en la entonces recién inaugurada Escuela Superior de Arquitectura de su ciudad.

Había dado el primer paso para convertirse en una de las figuras más emblemáticas del último cuarto del S.XX.

Poco tiempo después, se trasladó a Zurich, en Suiza, donde se doctoró en 1981 como ingeniero civil.

Ese mismo año, todavía en Zurich, puso en marcha su primer despacho y comenzó a trabajar por toda Europa.

Si nos preguntamos cuál es la razón que ha convertido a Calatrava en un valor imprescindible de la Arquitectura actual, quizás debamos detenernos en su capacidad para aunar dos disciplinas: la Arquitectura misma y la Ingeniería Civil; una fusión que, vigente hasta el S.

XVIII, se deshizo luego y Calatrava vuelve a recuperar ya a las puertas del S.XXI.

Obras de Calatrava

Su aportación a las obras de uso público es magnífica e imaginativa, inspirada en el estudio de los seres vivos, de sus esqueletos, de sus movimientos…

Calatrava captura la vida en sus estructuras de hormigón; la delinea en sus planos y la ofrece a quien la habita transformada.

Una prueba de ello es una de sus últimas propuesta, para la Estación “World Trade Center”, epicentro del desastre de las Torres Gemelas en Nueva York: empleando el acero y el hierro y potenciando la luz, el valenciano ha imaginado una gran bóveda de costillas de cristal que quiere recordar las manos de un niño dejando libre una paloma.

Tal vez, si nos acercamos a la maraña de cifras y trazos del proyecto e incluso si nos paseamos en un futuro por la ya concluida estación, no sabremos ver ni al niño ni a la paloma y volveremos a casa con la sensación de haber sido engañados.

Para ahorrarles a los escépticos este comentario, Calatrava aprovechó la rueda de prensa en la que dio a conocer su idea para desglosar sobre el papel el “descenso” de la imagen real a la forma arquitectónica, que había obtenido después de alejarse de su referente inicial, su inspiración, bajando por una escalera de dibujos, pequeñas esculturas y acuarelas.

Los presentes en la sala quedaron asombrados.

La “Estación World Trade Center” que, según lo previsto, empezará a funcionar en 2006, costará 2.000 millones de dólares y será transitada por una media de 80.000 viajeros.

A propósito de su próxima construcción, Calatrava afirmó que el deseo de las sociedades de crear “está directamente relacionado con el futuro”.

Consecuente con su propia opinión, antes de enfrentarse al reto de contribuir a llenar el vacío que dejó tras de sí el desastre del once de septiembre, asumió un desafío que ya se encuentra prácticamente terminado: levantar en Valencia la “Ciudad de las Artes y las Ciencias”; un complejo arquitectónico compuesto por diferentes edificios con funciones tan dispares como la de acoger la representación de una opera, incluir un museo en el que se recoge, de forma didáctica, información sobre los adelantos científicos y tecnológicos más representativos de la Historia, o alojar el acuario más grande de toda la Comunidad Europea.

Al visitar estas instalaciones de dimensiones faraónicas y equilibrios temerarios, nos damos cuenta del valor de Calatrava como experto en cálculo estático y, por otro lado, apreciamos algunas de sus influencias: la arquitectura mediterránea, que tiene como máximo exponente a Gaudí, y la corriente organicista centroeuropea de Häring, Scharoun y Saarinen.

Los puentes de Santiago Calatrava

Otras obras ineludibles del arquitecto son sus puentes, entre los que destaca el de “Bach de Roda”, en Barcelona, construido entre 1983 y 1985, y el “Alamillo” que une las dos orillas del Guadalquivir, en Sevilla, proyectado con motivo de la Exposición Universal de 1992.

Junto a ellos, también hay que mencionar construcciones como la “Estación de Ferrocarril” de Stadelhofen (Zurich, 1983-1990); la “Fachada” para el almacén de artículos textiles Ernsting (Coestfeld, Alemania, 1983-1985); la “Torre Olímpica de Comunicaciones” (Barcelona, 1992); y la ampliación del “Aeropuerto” de Sondica (Bilbao, 1990-2000) Mención especial requiere el “Estadio Olímpico” de Atenas, lugar de celebración de los Juegos Olímpicos 2004, una obra simplemente impresionante.

Plantear alguna objeción al estilo de Calatrava suena a blasfemia.

La afirmación de que se encuentra entre los autores más reconocidos y de mayor calidad de nuestro siglo no es discutible.

Sin embargo, tal es la rotundidad y fascinación que ejercen sus obras, que podemos atrevernos a convertirlas en objeto de la reflexión siguiente: ¿Cuál es el objetivo de la arquitectura? Es un arte, de eso no hay duda; y como arte se debe a sí misma.

La obra arquitectónica, aunque inhabitada o vacía, posee un valor.

Pero, por otro lado, hay un cincuenta por ciento en el trabajo del arquitecto orientado al servicio.

Al construir un edificio de viviendas, un puente o un teatro, sin olvidar que el resultado debe ser bello, hay que pensar en su función y facilitarla.

Volvamos atrás.

Mencionábamos la “Ciudad de las Artes y las Ciencias”, que cuenta con un impresionante museo, con una estructura tan espectacular, que anula lo que alberga en su interior.

Al visitarlo, tenemos la sensación de haber pinchado un globo de un color precioso, muy vivo, pero que al explotar nos ha decepcionado porque dentro, aparte de aire, no escondía nada.

Tal vez la única crítica que se le puede hacer a Calatrava es su falta de equilibrio, su relativo olvido del porqué que justifica cada una de sus obras.

Aún así, más allá de cualquier descuido, es obvio que pasará a la historia por su capacidad para traducir la vida al lenguaje del acero y el hormigón.

El ojo humano, los árboles, los cuerpos erizados de los felinos, las manos… son sólo algunos de los conceptos que baraja su arquitectura con frecuencia, y esto es un rasgo que la caracteriza, blanca.

La elección del blanco como protagonista indiscutible de su estilo ha conseguido que la huella de Calatrava sea fácilmente identificable alrededor del mundo.

Dedicarse a seguirla por los cinco continentes y apreciar personalmente todo lo que aquí se ha escrito, para respaldarlo o discrepar, merece la pena.

Utiliza un lenguaje abstracto de las formas orgánicas: una piña, la hoja de una palmera, el cuerpo humano, que luego se transforman en esferas, prismas, líneas, conos.

En Valencia por ejemplo, en la “Ciudad de las Artes y las Ciencias”, compuesta por el “Museo de las Ciencias”, el “Palacio de las Artes” y el “Hemisferio”.

Este último, alberga en su interior una esfera que es una sala y la estructura que la protege se cierra o abre convirtiéndose en dosel, siguiendo el movimiento de su párpado y traduciendo literalmente la imagen en la que se inspiró, el ojo humano.