Sidereus Nuncius. Panfleto astronómico

 

- Sidereus Nuncius. Panfleto astronómico

Hace cuatrocientos años, en marzo de 1610, un panfleto parecido a un pequeño libro fue publicado en Venecia.

La página del título, según la traducción a neolatín, resume su contenido con atrevido entusiasmo:

“Revelando grandes, inusuales y notables espectáculos, exponemos estos a la consideración de todos los hombres y sobre todo de los filósofos y astrónomos; según lo observado por Galileo Galilei, Caballero de Florencia, Profesor de Matemáticas en la Universidad de Padua, con la ayuda de un catalejo, últimamente inventado por él […]”

Descripción del panfleto Siderus Nuncius

En este pequeño libro, Sidereus Nuncius (Mensajero Sideral), Galileo Galilei, un profesor de matemáticas, e ingenioso experimentador, describió cómo se había enterado primero de los llamados “catalejos”, calificándolo de “perspicillum” y más tarde adoptando el apelativo de “telescopio” (“dispositivo clarividente” en italiano).

A pesar de la leve exageración de haber “últimamente inventado” el objeto, Galileo hizo modificaciones significativas en el diseño original, que le permitieron incrementar su aumento, enseñándose a sí mismo a moler y pulir lentes para conseguirlo.

Los estudios de Galileo

Con la práctica y una especie de ingeniería inversa mental, Galileo había descubierto no sólo la forma de replicarlo, sino también la forma de mejorarlo, y por lo tanto, con un ojo vuelto hacia el cielo y el otro hacia la promoción de su propia carrera, rápidamente construyó su primer prototipo con algunas lentes instaladas en un tubo de plomo.

Galileo continuó experimentando con el diseño hasta que tenía veinte o treinta versiones, que se dirigieron en seguida hacia el cielo, suministrando las primeras observaciones detalladas de la luna, y luego de algunas pequeñas “estrellas” que vio al lado de Júpiter.

Estos descubrimientos, tal como lo describe en detalle y elocuentemente en Sidereus Nuncius, condujeron a un cambio en el paradigma cosmológico, pero no sin dolor y sufrimiento por parte de su autor.

Las observaciones de las “estrellas”, como él las llamaba -es decir, las cuatro lunas más grandes de las muchas que tiene Júpiter-, vistas por Galileo por primera vez en la historia y descritas por él en este tratado de 18 páginas, fue un evento monumental que sacudió al mundo científico y religioso.

Galileo observó las lunas de Júpiter del 7 al 15 de enero de 1610, pensando al principio que eran realmente estrellas, pero rápidamente dedujo que, en realidad, eran cuerpos planetarios girando alrededor de Júpiter.

Lo que este descubrimiento demostró fue que la Tierra no era el único cuerpo celeste en torno al cual giraba otros, convenciendo a Galileo de la veracidad del sistema copernicano (que ya se conocía), y dándole la evidencia que necesitaba para persuadir a aquellos que se negaban a creer en un universo en el que todos los planetas giraban alrededor del sol.

Galileo se apresuró a imprimir este pequeño libro en seis semanas, literalmente empalmando sus últimas observaciones de las lunas de Júpiter a medida que las iba realizando.

Eligió nombrar a sus lunas recientemente descubiertas como “Estrellas de Médicis” en honor a Cosimo Medici II y sus hermanos, la dinastía real política de la época, de quien Galileo tenía la esperanza de obtener una posición en la corte y un mejor nivel de vida.

Las lunas fueron el descubrimiento de Galileo, podía nombrarlos como quisiera, pero con el reconocimiento hacia los Medici, buscaba la mejora de sus perspectivas, y fue recompensado con la designación de Real Profesor de Matemáticas y Filosofía en Florencia.

Sin embargo, la implicación de que la Tierra no fuera el centro del universo violaba la cosmología sagrada de la Iglesia, y, si los Medici de Venecia tenían algo de poder, la Iglesia Católica Romana tenía mucho.

Pero en lo que a Galileo concernía, él tenía su prueba y estaba dispuesto a convencer a cualquiera que le quisiera prestar su atención.

A medida que más descubrimientos astronómicos fueron realizados con el telescopio, se añadió credibilidad a la opinión de Copérnico de que el Sol es el centro de nuestro universo, o al menos que la Tierra, Venus y Mercurio giran todos alrededor de él.

Galileo inició su campaña contra la Iglesia, una propuesta arriesgada en tiempos de la Inquisición, incluso aunque su mejor amigo se había convertido en Papa.

Y así comenzó el “caso Galileo”.

Inevitablemente, se vio obligado a enfrentar a los inquisidores, y, a pesar de que usó sus mejores razonamientos, fue prohibido en última instancia por las autoridades de la Iglesia enseñar o defender el copernicanismo.

En 1633, fue condenado a arresto domiciliario por el resto de su vida.

A pesar de esto, siguió trabajando y haciendo nuevos descubrimientos asombrosos hasta su muerte, en 1642.

Entre otras cosas, inventó la ciencia de la dinámica, allanando así el camino para Newton y su teoría de la gravitación universal, para Einstein con  la teoría de la relatividad general y para muchos más.